EE UU niega que el ataque a un hospital afgano de MSF fuera un crimen de guerra

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El Pentágono confirma las sanciones leves a 16 militares por la muerte de 42 personas

Una combinación de errores “humanos, de proceso y equipamiento” llevó en octubre a la aviación de Estados Unidos a bombardear, pensando que era un edificio talibán cercano, un hospital de Médicos sin Fronteras (MSF) en Afganistán, según las conclusiones de la investigación del ataque anunciadas este viernes por el Departamento de Defensa. Murieron 42 personas.

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El general Joseph L. Votel, responsable de operaciones en Oriente Próximo, negó, en una rueda de prensa en el Pentágono, que el bombardeo fuera un crimen de guerra porque “no fue deliberado” aunque admitió que algunos militares incumplieron la “ley de conflicto armado”.

Por esos motivos, el Pentágono no ha presentado cargos judiciales contra los responsables del incidente pero ha impuesto, como se avanzó el jueves, sanciones leves a 16 militares. En paralelo, EE UU ha indemnizado a las familias de los fallecidos y contribuirá a la reconstrucción del hospital.

Tras el bombardeo, la presidenta de MSF, Joanne Liu, lo describió como un “ataque” a las Convenciones de Ginebra. “Estas convenciones fueron establecidas para proteger a civiles en conflictos, incluyendo pacientes, trabajadores médicos e instalaciones”, dijo. La organización consideró que, si se demostrara que fue “premeditado”, el ataque sería un crimen de guerra.

El Tribunal Penal Internacional describe un crimen de guerra como una violación “grave” de las Convenciones de Ginebra y otras leyes sobre conflictos armados que se comete como parte de una estrategia “a gran escala”, lo que incluye ataques “dirigidos intencionalmente” a hospitales.

Críticas de MSF

MSF anunció este viernes que quiere analizar con detalle el informe de la investigación, pero consideró que las sanciones anunciadas “están fuera de proporción con la destrucción de una instalación médica protegida”. “La falta de una rendición de cuentas significativa envía una preocupante señal para todos los actores involucrados en el conflicto, y es poco probable que sirva como un freno en contra de futuras violaciones de las reglas de la guerra”, señaló en un comunicado. Miembros de la organización se reunieron el jueves con Votel.

“Es incomprensible que, bajo las circunstancias descritas por Estados Unidos, el ataque no haya sido suspendido”, dijo Meinie Nicolai, integrante de la junta directiva internacional de MSF. “El umbral que debe ser cruzado para que este incidente mortal se convierta en una grave violación al derecho internacional humanitario no se resume en si fue intencional o no”, agregó.

Los 16 militares sancionados incluyen un general, la tripulación del avión de combate que bombardeó el pasado 3 de octubre el hospital de la organización humanitaria y personal de fuerzas especiales. Votel explicó, sin entrar en detalles, que 12 de ellos fueron suspendidos de sus puestos y otros cuatro recibieron reprimendas.

MSF había comunicado a las autoridades afganas y estadounidenses la ubicación exacta del hospital en la ciudad de Kunduz. El centro médico estaba en la lista de objetivos prohibidos del Ejército estadounidense. La operación tuvo lugar en el marco de la ofensiva de las tropas afganas, con apoyo estadounidense, para recuperar Kunduz de manos de los talibanes.

Votel reconoció que el hospital estaba en la lista de objetivos que no se podían bombardear pero alegó que el avión AC-130 despegó antes de lo previsto, la tripulación “no tuvo acceso” a esa información y que falló la comunicación entre el personal de tierra y aire. La tripulación, según la investigación, confundió el hospital con una instalación controlada por los talibanes ubicada a 400 metros de distancia.

Fuerzas especiales del Ejército estadounidense que acompañaban a tropas afganas, explicó el general, pidieron apoyo aéreo. El avión recibió fuego enemigo y la tripulación creyó, tras comunicarse con personal de tierra, que los misiles se dispararon desde el centro médico.

Nuestras fuerzas no recibieron fuego desde el centro traumático durante el incidente ni la investigación halló que los insurgentes lo estuvieran usando como una base de operaciones”, dijo Votel. “Algunos insurgentes fueron tratados en el centro traumático, pero los hospitales y los pacientes están protegidos en el campo de batalla. El centro traumático era una instalación protegida, pero fue identificada erróneamente durante el combate”.

El general dijo que el bombardeo, que duró 30 minutos, tuvo lugar en una “situación de combate extremadamente intensa” y que se tardó “unos momentos” en que llegaran a la cadena de mando las llamadas de personal de la ONG a funcionarios estadounidenses en Kabul y Washington para que detuvieran el ataque.

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