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OPINION: El cuerpo expuesto

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LA AUTORA es médico gineco obstetra. Reside en Santo Domingo.
Los cuerpos se rozan, se besan, sudan y comparten el olor a sexo, a fruición, a intimidad. Las caricias los conducen por los laberintos del placer supremo. Con el permiso que otorga el tiempo y la complicidad, Elena lame pausadamente cada centímetro del cuerpo de su marido, como sí con cada  lengüetazo le depositará estrellas blancas empapadas de amor.

Al ritmo de la danza de la ternura, de la entrega, cierran los ojos y se dejan ir, en otro momento cruzan sus miradas, y en cada inspiración los niveles de placer incrementan.  No hay miedo, no hay temor, es una relación placentera, segura,  ella lo besa por todas partes, incluso por las innombrables, hace tiempo los tabúes no caben en su espacio de intimidad.  Ella se prende al verlo disfrutar, él disfruta dejarse ir. Están acostumbrados a usar juguetes sexuales,  el calor de la pasión apremia. Los vibradores están  guardados en una maleta  en el closet de la ropa blanca, escondidos porque los muchachos inventan mucho.

Convertida en una felina, extiende el brazo derecho y atrapa el frasco de la espuma de pelo, vuelve a la cama; agacha el cuerpo y contornea las caderas lentamente, deposita en su marido una mirada penetrante, y como quien toma el pincel para pintar un lienzo, cubre con saliva el frasco.  Ya él sabe por dónde viene. Todo su cuerpo es placer, todo el de ella también.  Dar y recibir hasta olvidarse de sus nombres y convertirse en un goce, el amor hecho carne. La pasión es temeraria. Lo demás es historia.

Pagaron muy caro el derecho a complicarse.  Todos en el hospital se han enterado, estudiantes, enfermeras, la que le saca la sangre, los que limpian y la que lleva la comida, saben por qué lo han operado.   Cuando sus familiares van a visitarlo no le sostienen la mirada, los hijos no entiende lo que ha pasado, por qué dicen que su padre es maricón?  Del trabajo solo ha venido una de las compañeras, los hombres no se atreven a visitarlo. Todo el mundo en su entorno lo sabe, le gusta que le introduzcan objetos por el ano.

Sin dejarlo sólo ni un instante, Elena no da explicaciones.  En las horas de visita tiene prohibido preguntar.  ‘Nuestra vida sexual es un espacio intimo, privado y no tenemos nada que comunicar.  He dicho”.

El Consejo de Enseñanza del hospital considera que en el caso del paciente intervenido quirúrgicamente para extraer cuerpo extraño no hubo falta a la ética profesional, ni a la integridad moral del paciente. Nos sobra ética, nos falta humanizar la atención en salud.